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Factor emocional: Los verdaderos motivos de someterse a una cirugía plástica

Autor: Dr. Rubén Nieto Balcázar
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A la cirugía plástica se le ha dado una etiqueta de superficialidad que no siempre es muy justa. Tendemos a pensar que el mejor cirujano sólo está interesado en obtener ganancias cumpliendo los “caprichos” de sus pacientes o que las personas que se someten a este tipo de intervenciones sólo están buscando complacer deseos banales. Sin embargo, por raro que parezca, hay muchas emociones involucradas en este sentido, desde ambos puntos el del doctor y del paciente que deberían ser tomados más en cuenta.

Después de todo, la principal razón por la que las personas optan por un procedimiento es para corresponder a una imagen que ellos tienen en mente sobre cómo debería lucir su cuerpo y sentirse más cómodos consigo mismos. Sólo tenemos una oportunidad para vivir y eso redobla el significado tan particular que tienen este tipo de operaciones.

Partamos de un ejemplo radical, para entender un poco este sentimiento que puede llegar a aparecer en los pacientes respecto a la cirugía plástica y sus motivaciones. Cuando se ha entrevistado a homosexuales que optan por el cambio de sexo, la principal razón por la cual se sienten motivados a tomar una acción tan radical es porque dicen no sentirse en el cuerpo correcto y les causa mucha confusión y dolor mental el verse mientras se bañan o se cambian de ropa.

 

 

Esta disociación corporal puede llegar a afectar seriamente el ánimo de las personas que la presentan, que además se incrementa cuando los agentes externos los obliga a continuar con características físicas con las que no encuentran ningún tipo de relación directa. Por ello, siempre se recomienda para estos casos tan particulares, la asesoría de un psicólogo y psiquiatra, quienes se harán cargo de la evaluación del paciente y demostrar que efectivamente se encuentra preparado para la intervención.

Si bien los pacientes que optan por una cirugía plástica no llegan a tal extremo, sí tienen ciertos rasgos de disociación entre su cuerpo y lo que les gustaría que fuera. Sin embargo, no se trata de simplemente cambiar esas características aparentemente negativas con un bisturí y asunto arreglado. El mejor cirujano sabe muy bien que nuestras proporciones físicas responden a una estructura predeterminada por nuestra información genética y si sobrepasamos los límites podemos llegar a causar problemas serios.

Por ejemplo: pensemos en una chica de talla media que quiere realizarse una operación de aumento de mama y quiere una talla muy grande. El médico le indicará que tal vez no sea la mejor opción, dado que la elasticidad de su piel no sería tan elevada como para soportar los implantes y puede causarle problemas en la espalda.

En ese sentido, tenemos que ayudar al paciente para que tenga un sentido mucho más realista de sus proporciones y de los alcances de la cirugía. Pero es un proceso que los cirujanos debemos tratar con mucha delicadeza, pues en muchas ocasiones, los pacientes se encuentran motivados por niveles bajos de autoestima que pretenden elevar con una operación plástica. Sin embargo, si bien podemos hacer un bien al realizar una intervención, si ciertos parámetros mentales no están claros dentro del paciente puede volverse adicto a las cirugías y al final terminaría deformando su cuerpo ya no sólo desde el punto de vista estético, sino también funcional.

Lo que podemos deducir de esta situación es que los extremos nunca serán buenos. Como cirujanos es importante tomar una postura firme frente al paciente y si bien estamos para solucionar los problemas que nos presentan, debemos hacerles ver que siempre hay ciertos parámetros físicos que debemos tomar en cuenta para no poner en peligro ni la salud misma del paciente ni el prestigio de nuestra práctica.

Pareciera que estamos planteando casos extremos, pero nunca está de más platicar previamente con el paciente para saber cuáles son sus expectativos y si están prestos a procedimientos que se ajusten a la realidad. Trabajar de esta manera también nos permitirá entablar relaciones más sanas con nuestro cuerpo, en el que veamos la cirugía plástica no como la corrección de algo que esté mal, sino de mejorar una característica particular del mismo.

 

 

Dentro de este orden de ideas, el apoyo de los familiares resultará fundamental para el paciente, e incluso en algunos rangos de edad puede ser más favorable que el paciente no atraviese por todo el procedimiento solo. Si bien, en los casos particulares de menores de edad en los que por ley deben estar acompañados por sus tutores, los adultos jóvenes pueden llegar a necesitar de la perspectiva de alguien cercano no sólo como un respaldo si aparecen pronósticos pocos alentadores, sino también como una ayuda para tomar decisiones más objetivas sobre su cuerpo.

Como puedes darte cuenta, el mito de que la cirugía plástica sólo obedece a razones superficiales está completamente errado. En realidad, todo lo relacionado al cuerpo tiene un fuerte componente emocional, sobre todo si pensamos que en la actualidad una gran particularidad de la sociedad es el gran valor que le da a la imagen, es decir, cómo somos evaluados por la forma en la que nos vemos.

Cuántas veces no nos ha tocado ver a pacientes que logran un cambio radical en su vida después de una rinoplastia o un aumento de mamas, lo que les da la seguridad suficiente para avanzar en sus metas personales. Esperamos que con esta breve explicación puedas tener un mejor panorama de cuáles son los propósitos de un buen cirujano y que no se trata sólo de ser el mejor cirujano sino de lograr que los pacientes se acepten tal y como son.

Escrito por el Médico Cirujano Plástico Recomendado por Doctor Advisor México

Dr. Rubén Nieto Balcázar

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